21/7/16

Para general conocimiento, de los madrileños (y del público en general)




Hace un par de días tuve ocasión de escuchar directamente de labios del Concejal de Hacienda del Ayuntamiento de Madrid (D. Carlos Sánchez Mato) una información que me dejó bastante preocupado y que considero necesario difundir porque estoy seguro de que, pasado el verano, nos intentarán intoxicar contandónos lo contrario de lo que realmente ocurre.
El asunto es el siguiente:
Por un lado y sin meternos en mayores consideraciones, todos tenemos asumido que el Ayuntamiento de Madrid en los últimos doce años se embarcó en un enorme endeudamiento que en algunos casos sirvió para acometer obras ciertamente útiles, como el soterramiento de la M-30 (Aunque desproporcionadas, dado que se hizo a costa de no resolver otros problemas a los ciudadanos y emperorar el funcionamiento de los Servicios Públicos), otras bastante más cuestionables, como la remodelación del antiguo Palacio de Correos (Hoy sede del ayuntamiento) y otras aún más impresentables por innecesarias, o incluso contrarias al sentido común.
Resultado de dicha “orgía inversora” (muy posiblemente incrementada con comisiones, mordidas y otras malas prácticas) fue que, al abandonar la alcaldía nuestro particular “faraón” (D. Alberto Ruiz-Gallardón), Madrid tenía una deuda "cercana" (dato rectificado del texto original) a los 8.000 millones de Euros.  
Y para poder atender esos pagos hubo que desatender otras cuestiones “menores” como el cuidado de las personas mayores, la limpieza de la ciudad (recogida de basuras), o las inversiones en educación y sanidad (en la parte que financia el ayuntamiento).
Y a los madrileños se nos hizo creer que esos recortes eran necesarios porque nuestra ciudad era poco menos que “insolvente”.
Pero resulta que cuando los “perroflautas” (con la Sra. Carmena al frente) tomaron posesión de sus cargos, una de las primeras medidas adoptadas (con gran reprimenda política y mediática) fue despedir (“no prorrogar” los contratos) a las auditoras Ernst & Young, KPMG, PWC, Deloitte (y no se si, tambien, Óscar & Mayer) explicándonos a los atónitos madrileños que lo hacían porque el Ayuntamiento de Madrid es una institución tan saneada que no piensa pedir ningún crédito en los próximos años y tiene ingresos (recurrentes) más que sobrados para cumplir sus compromisos de pago, incluida la devolución de la “deuda”.
Un año y medio después resulta que aquello debía ser cierto, porque el ayuntamiento, además de amortizar anticipadamente algo así como 350 millones de la deuda, terminó el año 2014 con un superavit de 1.330 millones.
Y, pese a la supuesta mala administración de los perroflautas, el año 2015 ha tenido otro superavit de aproximadamente 1.600 millones.
Pues bien: Resulta que el Ayuntamiento de Madrid no puede construir ni un centro de mayores, ni un consultorio, ni una guardería, ni tampoco aumentar el personal de atención a las personas dependientes, ni siquiera contratar más jardineros y barrenderos para adecentar la ciudad.
Increible pero cierto; Porque resulta que, debido a la Ley de Estabilidad Presupuestaria (Invento de Bruselas gozosamente aprobado por nuestro gobierno en 2012) las administraciones no pueden aumentar su nivel de gasto, ni aún en el caso de que les sobre el dinero (superavit).
Y si les sobra, deben dedicarlo (casi todo) a amortizar deuda aunque los Servicios Públicos se caigan a cachos por falta de dotación presupuestaria.
Pero no es eso lo más grave (con serlo mucho) sino que escuché, directamente de los labios del Sr. Concejal de Hacienda, que utilizar los 1.600 millones de excedente para amortizar anticipadamente parte de los casi 5.000 millones que aún debemos es una perfecta estupidez (Que no piensan cometer).
Resulta que, cuando se contrajeron los créditos, algunos imbéciles (o, más bien, delincuentes) no contentos con concertarlos a casi el doble de interés de lo que entonces era el “precio de mercado” para un ayuntamiento como el de Madrid y que rondaba el 2%, tuvieron la desfachatez de contratar unos inventos llamados “Swaps” que vienen a ser como una especie de “cáusulas suelo” por los que se comprometían a no pagar en ningún caso menos del 4,5%  aunque bajasen (como era previsible y ha ocurrido) los tipos de interés del mercado, con el pretexto de que los bancos se comprometían a no cobrarnos más del “nosecuantos %” en caso de una subida generalizada de tipos (que evidentemente nunca se iba a  producir)
La cosa es grave, ¿verdad?.
Bueno; Pues lo peor es que esos malditos Swaps habrá que seguir pagándolos (hasta 2030) aunque el ayuntamiento devolviera la totalidad de los préstamos hoy mismo.
Y con el agravante de que, mientras se amorticen los créditos en los plazos reglamentarios (hasta el año 2030), simplemente estaremos despilfarrando unos 100 millones anuales por el exceso de tipos de interés; Pero si decidiéramos amortizar los prestamos hoy, en ese instante el importe de los Swaps (hasta el año 2030) pasaría a aparecer de inmediato como una nueva deuda.
Creo que conviene (una vez que cada cual confirme la veracidad de lo que cuento) divulgar esta información que nos ocultarán por lo escandalosa que es.
Y, en mi opinión, quizá merecería una auditoria que delimitase las responsabilidades de este inmisericorde saqueo de los dineros de nuestra ciudad.  

O incluso la intervención de la Fiscalía General del Estado
A la vuelta del verano saldrán los cuchillos a relucir y conviene que previamente nos vayamos formando nuestra propia opinión para vacunarnos contra la campaña de intoxicación informativa que se avecina.
Saludos.


16/7/16

República Federal Ibérica




Tras años de acariciar la idea y comprobar el notable escepticismo de mis interlocutores cuando exponía esa pretensión, he localizado una información que dice que:
Ignoro el fundamento y fiabilidad de dicha información, pero me alegra creer que, muy probablemente, no estoy solo en ese empeño.
Siempre he pensado que muchos españoles padecemos un notable (e injustificado) sentimiendo de superioridad cuando nos comparamos con nuestros vecinos portugueses sin pararnos a pensar que vienen a ser como la mayoría de nosotros, aunque algo más discretos educados y pacientes, algo menos vocingleros y fanfarrones, bastante menos cainitas. y -desde luego- muchisimo menos golfos (en general) que algunos de nuestros paisanos.
Por otra parte, siempre he tenido envidia de un pueblo que fue capaz, sin sangre ni violencia, de derribar al dictadorzuelo que les gobernaba y representaba a un Estado tan cutre como el nuestro, mientras nosotros no fuimos capaces de dar ese paso.
Igualmente, también, desde que tengo uso de razón (político-social) tengo la convicción de que les tratamos de modo injusto, tanto por el infundado menosprecio que hacemos de su país y sus ciudadanos, como por la impresentable marginación en que se les mantiene tanto desde las instituciones culturales (no he visto jamás un folleto, catálogo o autoguía con traducción al portugués (aunque esté traducido a media docena de idiomas), como desde el mundo de la hostelería y el comercio (cuesta encontrar algún texto, o carta de menú, en su lengua, pese a que ese idioma lo hablan más de doscientos millones de personas, además de los 10.562.178  portugueses del Censo de 2011),
Y sin embargo, tanto desde el punto de vista territorial (somos una “unidad de destino en lo geográfico y climático), como histórico, económico y cultural, todos saldríamos ganando si nos uniéramos politicamente.
Veo el proceso como una simple cuestión de tiempo.
Y obviamente tendría que contar con el refrendo, muy mayoritario (digamos 2/3), de las respectivas poblaciones; Entendiento por tales, la portuguesa por un lado y las 17 actuales Comunidades Autónomas españolas por otro, pudiendo ocurrir que alguna de estas decida “no sumarse”.


Y con las instituciones repartidas por todo el territorio (Lisboa, Barcelona, Cádiz, Burgos, .  . .  y también Madrid).
Ahí queda la idea, que muy posiblemente, aparte de sus virtudes como apuesta cívica, podría muy bien ser una salida airosa e inteligente del “laberinto nacional/soberanista” en el que la burricie de unos y otros ha metido a nuestro país así como la posibilidad de que finalmente llegue “la República”, que en este caso ya no sería “la tercera”, sino algo mucho mejor:
La Republica Federal Ibérica (RFI).
Saludos.


7/7/16

Lo que nunca va a ocurrir (aunque debiera . . .)



Tras guardar 10 días de luto y pesada (in)digestión de los resultados electorales, recurro a este, topico y tramposo, titular por dos razones bien distintas (Aparte de intentar llamar la atención del personal):
La primera y menos importante es intentar ver si, aunque sea vaticinando lo que, casi seguro, ocurrirá (y no me gusta) mis acreditadas dotes de “gafe” tuercen el destino y una vez más ocurre lo contrario de lo que vaticino (que ya me gustaría).
Y la segunda razón, que es, al menos para mí, la verdaderamente importante es que, aunque no vaya a ocurrir, creo que es un buen motivo de reflexión el preguntarnos por qué la gran mayoría de los partidos a los que hemos votado van a permitir que gobierne nuestro país un personaje indecente que preside un partido indecente sin establecer un cinturón sanitario que le obligue a gobernar (si es que puede) unicamente con el apoyo de sus 137 Diputados y sus 7.905.185 votantes.
Por una mera cuestión de higiene democrática todos los demás partidos deberían rehusar entablar ningún tipo de diálogo, ni mucho menos negociación, con un ciudadano presuntamente corrupto que preside un partido imputado en muchos casos de corrupción y debieran negarse a abstenerse o ausentarse (y mucho más a votar a favor) de la investidura como Presidente de Gobierno de un personaje de la catadura moral de D. Mariano Rajoy Brey.
Y con ello no estoy despreciando a sus 7.905.185 votantes.
Son el partido más votado y el que más escaños ha obtenido; Pero opino que los 16.254.898 ciudadanos que hemos votado a otros partidos debiéramos exigir a nuestros respectivos (y derrotados) candidatos que nieguen su colaboración a la legitimación de un corrupto apoyado en un partido corrupto.
Y que no nos vengan con el cuento del vacío de poder, porque sin temor a equivocarnos es muy probable que el no haber tenido un gobierno “sin bozal” durante estos cuatro meses nos haya ahorrado muchos disgustos y trapacerías.
Si los 213 Diputados de los 11 partidos partidos, que no son el PP, votasen en contra de la investidura estaríamos mandando al mundo (y a los ocho millones de votantes del Partido Popular) el mensaje de que “no todo vale” 
 

    En realidad bastaría con el voto en contra de PSOE, Ciudadanos y Unidos-Podemos que suman 188 diputados


Porque lo más grave de ese partido y esos dirigentes, aparte de la propia corrupción (que ciertamente también existe en otros partidos), es que se jactan de ella; Es decir, nos insultan a todos.
Ya sé que la indigencia moral de la mayoría de la clase política excluye cualquier posibilidad de que algo así ocurra.
Pero los ciudadanos debiéramos echar humo por las orejas si el partido al que votamos hiciera la mínima concesión a esos sinvergüenzas.
Y yo no quiero callarme.
Ojalá, por una vez (prometo no pavonearme) me equivoque y ocurra lo que en el enunciado afirmo que “en ningun caso va a ocurrir”
Recomiendo la lectura del este artículo de D. Javier Gallego que viene a decir lo mismo.


Y como soñar es gratis, además voy a pedirle al “hada del sentido común" que el resto de los partidos, aparcando momentaneamente sus “instintos básicos”, (Despido libre, quema de conventos, nacionalización de la banca, rebajas de impuestos a los ricos, puestos garantizados en los Consejos de administración del IBEX-35, etc) se pusieran de acuerdo para exigir a quien gobierne las cuatro siguientes cosas:
1ª Fin del saqueo y descapitalización del Sistema Nacional de Seguridad Social.
2º Derogación de la ley de enjuciamiento criminal (Para que no se escapen los corruptos por la gatera de la “prescripción” o el “archivo definitivo”)
3º Ampliación del plazo para el recorte del Déficit Público y corrección del mismo a base de recaudar impuestos de las rentas empresariales, rendimientos del capital y lucha contra el fraude y la elusión fiscal.
4º Derogación de la última Reforma Laboral, la Ley de Educación y la Ley “Mordaza”.
Es todo tan de sentido común que nadie que lo tenga (unido a una mínima docis de decencia política y moral) debiera oponerse.

Saludos.