26/1/13

La desobediencia civil de Juan Recio (37 días en huelga de hambre)



Traigo a colación un pulso entre la ciudadanía de a pié y los gobernantes de nuestra depredadora administración regional que, consciente de que en mucho tiempo no volverán a tener una mayoría absoluta para mangonear a su gusto con el patrimonio público favoreciendo los intereses ideológicos (de su Partido), económicos (de los amos que, desde la trastienda, les mandan) y los suyos personales (garantizándose un buen “retiro” para las próximas décadas), ha dejado de preocuparse por el desprestigio que viene acumulando y, sin vergüenza (nunca la tuvieron, pero ahora ya ni siquiera les importa), están forzando los plazos para llenar la “bolsa” antes de tener que salir corriendo, o sentarse en algún banquillo judicial.
Los frentes son varios (Canal de Isabel II, Eurovegas, Fundescam, . . .).
Pero del que estoy hablando es el que, quizá, tiene en estos momentos más relevancia y comporta mayor riesgo: La Sanidad Pública.
Bueno pues, “pasando por allí”, un buen día, a principios del mes de noviembre, me encontré con un festivo y ordenado tumulto de ciudadanos corrientes, entreverados de batas blancas y pijamas verdes, que discurrían en procesión por las calzadas de la calles Diego de León, General Díaz Porlier, Maldonado y Conde de Peñalver  (antiguamente llamada Torrijos) rodeando dos veces al día (a las 11:00 y a las 18:00) el Hospital General Universitario de la Princesa que el (Des)Gobierno de Madrid había sentenciado a convertirse en un “moridero” de ancianos.
Fueron tan grandes la bronca y el escándalo que tuvieron que intentar apagar el incendio con el anuncio de que mantendrían el Hospital “vivo”.
Y en parte lo consiguieron.
Con la ayuda de sus medios de comunicación afines y algunos otros incautos, se divulgó la noticia de la “Salvación de la Princesa”.

Pero no todo el mundo se lo creyó.
Y, por otra parte, el tamaño de la “rueda de molino” de la privatización (externalización lo llaman) de seis Hospitales y 27 Centros de Salud era excesivo incluso para las amplias tragaderas de la mayoría de los ciudadanos.

El caso es que medio centenar de vecinos, pacientes y usuarios  (entre los que, sin pretenderlo, me vi inmerso) seguimos saliendo a la calle a las 11 y a las 6, con lluvia, sol o viento, incluso en las fechas de nochebuena, navidad, año viejo, año nuevo y reyes.
Ni un solo día ha faltado la presencia de, al menos, 22 de nosotros a la puerta del hospital.
Acudimos allí, sin complejos, a expresar nuestro rechazo por el saqueo de un patrimonio común tan querido y (aunque algunos quieran negarlo) tan eficiente, como es el Sistema Sanitario Público que, hasta, ayer y cada vez con mayores medios, ha venido garantizando el Derecho a la Salud de todos, todos los ciudadanos, sin distinción de razas, nacionalidad, clase social, ni capacidad económica.
Y acudimos, también, a acompañar a Juan Recio, antiguo trabajador del hospital que hoy cumple 37 días de huelga de hambre, encerrado en un despacho de la planta baja y se suma diariamente a nuestra protesta desde "su" ventana.
Algunos pensarán que este esfuerzo no servirá de mucho y que, finalmente, “el Poder” terminará llevándose por delante a “la Razón” y “el Derecho”.
Pero, a estas alturas, el desprestigio de la Consejería de Sanidad y el Gobierno regional es tal que el muro de la sinrazón está comenzando a agrietarse y “las moscas cojoneras” de la Plataforma de la Princesa y Juan Recio están contribuyendo, junto con otra mucha gente, a ello.
Juan no podrá prolongar mucho más tiempo su huelga. Yo, que le veo a diario, he podido comprobar que no le queda una brizna de grasa en el cuerpo y en poco tiempo su salud podría empezar a deteriorarse de modo irreversible.
Por otro lado, parece un hombre sensato y, como él mismo declara, amante de la vida.
Por eso hoy, desde este modesto púlpito, quiero hacerle llegar mi agradecimiento y el de todos los que a diario peleamos por la Sanidad Pública y pedirle que se incorpore con nosotros a la desobediencia civil, en la calle. Pero comido y bebido.
Dejo aquí otro vídeo con una de las entrevistas que, poco menos que clandestinamente (porque la dirección del hospital ha puesto todas las trabas posibles), le han hecho.
Dura 22 minutos y, aunque la calidad de  reproducción no es precisamente una maravilla,  se entiende sin mayores problemas.
Saludos.